REFLEXION 1

EL VALOR DEL ERROR

Hay algo que me cuesta mucho ver en un campo de fútbol. Un jugador con miedo. No miedo al rival, ni al partido, ni al resultado. Miedo a equivocarse.

Recibe el balón y, en lugar de pensar qué puede hacer, está pensando en no fallar. En no perderla. En no escuchar una corrección. En no provocar una mala cara. Y sin darse cuenta empieza a jugar de otra manera. Más pendiente de no cometer errores que de disfrutar del juego.

Y ahí es cuando algo se apaga.

Porque, si lo piensas un momento, ¿cómo hemos aprendido cualquiera de nosotros las cosas importantes de la vida? Equivocándonos. Nos caímos mil veces antes de aprender a caminar. Perdimos el equilibrio antes de montar en bicicleta. Nos confundimos una y otra vez antes de aprender cualquier cosa que mereciera la pena.

¿Por qué en el fútbol tendría que ser diferente?

A veces da la sensación de que un error es algo terrible. Como si fallar un pase o tomar una mala decisión fuera el fin del mundo. Y no lo es. Forma parte del juego. Igual que forma parte del aprendizaje.

A mí un error no me preocupa demasiado. Lo que de verdad me preocupa es ver a un jugador esconderse. Que deje de pedir el balón. Que empiece a elegir siempre la opción más sencilla para no arriesgar. Que juegue con miedo.

Porque ahí es donde empieza el verdadero problema.

Muchas veces aprendemos más de una jugada que sale mal que de cinco que salen bien. Cuando algo no funciona, nos obliga a pensar. A buscar otra solución. A entender qué podríamos haber hecho mejor. Y es justo ahí donde aparece el aprendizaje.

Por eso creo que uno de los mejores regalos que podemos hacerles a nuestros jugadores es dejarles espacio para equivocarse. Corregirles, claro. Ayudarles, también. Pero sin quitarles las ganas de intentarlo otra vez.

Porque el fútbol no necesita jugadores perfectos. No existen.

Necesita jugadores valientes. Jugadores que vuelvan a pedir el balón después de fallar un pase. Jugadores que sigan atreviéndose aunque una jugada no les haya salido bien. Jugadores que entiendan que equivocarse no les hace peores futbolistas.

Les hace futbolistas que están aprendiendo.

Al final, el error siempre va a formar parte del camino. Lo importante no es evitarlo. Lo importante es que el miedo a equivocarte no termine quitándote las ganas de seguir creciendo.

REFLEXION 2

APRENDER A MIRAR

Hay veces que termina un partido y escucho comentarios que me hacen sonreír. "Es que ese niño no ha hecho nada". Y yo pienso... ¿Seguro? ¿Seguro que lo has visto bien? Porque muchas veces nos pasamos todo el partido mirando el balón y nos perdemos un montón de cosas que están pasando alrededor. Nos fijamos en quién marca el gol, en quién falla el pase o en quién pierde el balón. Eso lo ve todo el mundo. Lo difícil es ver lo demás.

Ver al compañero que abre un espacio para otro. Ver al jugador que hace un desmarque y no recibe. Ver al defensa que corrige una situación antes de que aparezca el peligro. Ver todos esos detalles que casi nadie comenta cuando termina el partido y que, muchas veces, explican mejor lo que ha pasado que el propio resultado.

A mí me ocurre muchas veces. Vuelvo a ver un partido y descubro cosas que no había visto durante el encuentro. Y entonces pienso: "Mira que llevo años viendo fútbol y todavía se me siguen escapando detalles". Porque el fútbol tiene eso. Siempre te guarda algo. Siempre hay una pequeña historia ocurriendo lejos del balón.

Por eso creo que aprender a mirar es una de las cosas más importantes que podemos hacer. Cuando empiezas a fijarte en esas pequeñas cosas, empiezas a entender por qué un jugador recibe solo, por qué otro llega siempre antes o por qué un equipo encuentra espacios donde los demás no los ven. Y poco a poco dejas de ver solamente un partido. Empiezas a entender el juego.