EDUCAR DESDE LA GRADA

A veces tu silencio ayuda más

Sé que no es fácil.

Cuando veis a vuestros hijos jugar, sentis los nervios, la ilusión y las ganas de ayudarles. Queréis que lo hagan bien, que disfruten y que aprendan. Y muchas veces pensais que ayudar es decirles lo que tienen que hacer en cada momento.

Pero con los años he aprendido algo. Hay niños que juegan más pendientes de la grada que del balón. Miran buscando una aprobación, una sonrisa o una reacción. Y cuando tienen miedo a equivocarse, dejan de atreverse. Dejan de intentar cosas nuevas. Dejan de aprender. No siempre ayudar es hablar.

A veces ayudar es simplemente estar. Estar cuando ganan.
Estar cuando pierden. Estar cuando hacen un gran partido.
Y estar también cuando las cosas no salen como esperaban.

Porque hay momentos en los que un niño no necesita instrucciones. Necesita confianza. Necesita saber que su valor no depende de un gol, de una victoria o de un error. Desde la grada también educamos. Y muchas veces, el mejor mensaje que podeis transmitirles no sale de vuestras palabras, sino de nuestra tranquilidad. A veces, tu silencio ayuda más.

María José Alcántara

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EDUCAR DESDE LA GRADA

Tu hijo no necesita que le analices el partido al acabar.

Hay algo que ocurre cada fin de semana en muchos campos de fútbol.

El árbitro pita el final, los niños salen del terreno de juego y, antes incluso de llegar al coche, empieza el análisis.

Que si tenías que haber pasado.
Que si no has estado atento.
Que si hoy no has corrido.
Que si aquel gol era tuyo.

Y lo curioso es que la mayoría de las veces los niños ya saben perfectamente lo que han hecho bien y lo que han hecho mal. No necesitan otro entrenador más cuando termina el partido.

Necesitan un padre o una madre. Necesitan sentirse escuchados y notar que estamos orgullosos de ellos más allá del resultado.
Saber que siguen siendo los mismos después de ganar 5-0 o perder 5-0.

Ya habrá tiempo para corregir, para mejorar y para aprender de los errores.

Pero cuando termina el partido, muchas veces lo que más ayuda es algo mucho más sencillo:

Un abrazo.
Una sonrisa.
Un "¿te lo has pasado bien?".

Porque antes que futbolistas, son niños.

Y eso nunca deberíamos olvidarlo.

María José Alcántara

 

 

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EDUCAR DESDE LA GRADA 

El camino a casa también educa.

Un lugar donde muchas veces se gana o se pierde mucho más que un partido.

El coche.

Ese trayecto de diez o quince minutos puede convertirse en una conversación que un niño recuerde durante años.

A veces subimos al coche con ganas de analizar el partido, corregir errores o explicar todo lo que hemos visto desde la grada.

Pero… ¿y si antes de hablar escuchamos?

Quizá tu hijo solo necesita unos minutos para asimilar lo que ha vivido.

Quizá quiere contarte cómo se ha sentido.

O quizá, simplemente, quiere ir en silencio mirando por la ventana.

No todos los viajes de vuelta tienen que convertirse en una charla técnica.

A veces, una sonrisa, una pregunta sencilla o incluso el silencio son la mejor manera de acompañarles.

Porque el camino a casa también forma parte de su aprendizaje.

Y ahí, como padres, también educamos.

María José Alcántara

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EDUCAR DESDE LA GRADA

No todos los niños viven el fútbol igual.

A veces pensamos que todos los niños sueñan con lo mismo: ganar, marcar goles o llegar algún día al fútbol profesional. Pero la realidad es muy diferente.

Hay niños que disfrutan compitiendo, otros que simplemente quieren pasar un buen rato con sus amigos y otros que encuentran en el fútbol un lugar donde sentirse aceptados, ganar confianza o desconectar de los problemas del día a día.

No todos persiguen el mismo sueño, y eso no significa que unos quieran más el fútbol que otros. Cada niño tiene su propia historia, sus propios miedos y su propia manera de vivir este deporte.

Como padres, madres y entrenadores, nuestro papel no es decidir cuál debería ser su motivación. Nuestro papel es acompañarlos, respetar su forma de sentir el fútbol y ayudarles a crecer desde donde están.

Porque cuando un niño siente que puede ser él mismo, sin comparaciones ni presiones, empieza a disfrutar de verdad. Y cuando disfruta, también aprende.

No todos los niños viven el fútbol igual. Y ahí está, precisamente, la riqueza del fútbol base.

 María José Alcántara

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REFLEXIÓN 4

¿Todos los niños participan en el fútbol por las mismas razones?
Le invitamos a tomar solo 15 segundos para reflexionar sobre esta cuestión.